El 16 de junio de 1955 se inició uno de los períodos más oscuros de la Argentina. Aquel día, la Aviación de la Armada y parte de la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo en una sublevación militar que buscaba derrocar al presidente constitucional Juan Domingo Perón. El ataque dejó más de 350 muertos y 2000 heridos tras el impacto de 14 toneladas de bombas, marcando el inicio de una persecución al peronismo que terminó de concretarse con el golpe de Estado de septiembre.
El contexto: crisis, puja distributiva y el rol de la Iglesia
A pesar de una creciente crisis económica, el peronismo mantenía una distribución del ingreso donde los asalariados conservaban el 53 % del PBI. Esto generaba un profundo descontento en los sectores empresarios y la Sociedad Rural. Sin embargo, el detonante clave fue el fuerte enfrentamiento del Gobierno con la Iglesia Católica tras la aprobación de la ley de divorcio, la eliminación de la enseñanza religiosa en las escuelas y la propuesta de declarar un Estado laico.
La oposición política y militar encontró en el sector eclesiástico la excusa perfecta. En abril de ese año, la procesión de Corpus Christi movilizó a 200 mil católicos en Plaza de Mayo, convirtiéndose en una masiva demostración antiperonista.
El ataque contra la población civil
El 16 de junio, aprovechando una concentración de civiles que esperaban un desfile militar de desagravio, unos 40 aviones navales y de la Fuerza Aérea comenzaron el ataque a las 12:40. Las aeronaves, que llevaban pintada la insignia «Cristo Vence», arrojaron bombas sobre la plaza y la Casa Rosada; una de las primeras destruyó un trolebús lleno de pasajeros.
Perón logró salvar su vida refugiándose en el subsuelo del Ministerio de Ejército. Mientras la CGT movilizaba columnas para defender el gobierno, los militares realizaron tres oleadas más de bombardeos dirigidos explícitamente a la población. El ataque cesó recién a las 17:40, momento en que los pilotos sediciosos huyeron hacia Uruguay, donde recibieron asilo político. La masacre quedó impune.





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