El 23 de agosto de 1812, ante el inminente avance del poderoso ejército realista proveniente del Alto Perú, el pueblo de San Salvador de Jujuy abandonó por completo sus hogares, campos y pertenencias. Guiados por el General Manuel Belgrano, comandante del Ejército del Norte, emprendieron una retirada masiva hacia Tucumán, recorriendo más de 330 kilómetros.
La maniobra militar consistió en aplicar la táctica de «tierra arrasada». Por orden de Belgrano, la población quemó sus casas, destruyó los cultivos, arrió el ganado y segó los pozos de agua. El objetivo era dejar al enemigo sin víveres, refugio ni recursos materiales para abastecerse.
Este enorme sacrificio colectivo no fue una huida, sino una retirada planificada que diezmó la capacidad del ejército español. Gracias al coraje de la población jujeña, el Ejército del Norte pudo reorganizarse, desobedecer la orden de retirada del Triunvirato hacia Córdoba y presentar batalla en el norte. La estrategia hizo posible las posteriores victorias patriotas en las decisivas batallas de Tucumán (1812) y Salta (1813), asegurando la defensa del territorio nacional frente a la corona española.




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